3.8.09
24.7.09
Aunque ande en el valle de la sombra de la muerte...
Un río de lágrimas se llevó la ciudad construida de sonrisas, ladrillos de instantes brillantes de felicidad. Hoy queda una valle de pastos verdes, de flores moradas silvestres, en insectos misteriosos que se pueden escuchar en su constante búsqueda. Hoy nadaré en ese río, aunque la carne se me ponga chinita. Escucharé el fondo del agua y el sol deslumbrará mis previsiones. Saldré cuando la corriente me haya llevado a un lugar ignoto, nunca antes explorado. Tendré hambre y tomaré una siesta bajo el sol de estío. Sé que alguien me espera, pero me tomaré unos momentos a solas para contemplar mis extremidades, cansadas, aún jóvenes, femeninas, fuertes para volver a ponerme en pie y caminar y caminar, tarareando una canción nostálgica y bella, mientras me alejo hacia el horizonte, ese lugar que nunca es.
No intentemos el amor nunca
Aquella noche el mar no tuvo sueño. Cansado de contar, siempre contar a tantas olas, quiso vivir hacia lo lejos, donde supiera alguien de su color amargo. Con una voz insomne decía cosas vagas, barcos entrelazados dulcemente en un fondo de noche, o cuerpos siempre pálidos, con su traje de olvido viajando hacia nada. Cantaba tempestades, estruendos desbocados bajo cielos con sombra, como la sombra misma, como la sombra siempre rencorosa de pájaros estrellas. Su voz atravesando luces, lluvia, frío, alcanzaba ciudades elevadas a nubes, cielo Sereno, Colorado, Glaciar del infierno, todas puras de nieve o de astros caídos en sus manos de tierra. Mas el mar se cansaba de esperar las ciudades. Allí su amor tan sólo era un pretexto vago con sonrisa de antaño, ignorado de todos. Y con sueño de nuevo se volvió lentamente adonde nadie sabe de nadie. Adonde acaba el mundo.
Luis Cernuda, quien también escribía del mar
21.6.09
Mañana
Una se duerme con la idea que si el mundo no será el mismo mañana; al menos será reconocible. Pero resulta que llega un amanecer en el que te encuentras en un lugar extraño pero ligeramente familiar -los olores nuevos combinados con los viejos te juegan una extraña ilusión mental de recuerdos felices pero bizarros-, y abres la puerta y todo está patas arriba. Miras hacia tí y estás desnuda en el mismo lugar donde aún te reconocías -tienes los mismos lunares y las huellas de unos besos reales forman constelaciones alrededor de tu cintura-, pero algo se ha detenido: aún no sabes si es el tiempo, el verano, tu corazón o el viento: no, no se ha detenido, ha desaparecido: no, no ha desaparecido, se ha roto. Hay una grieta de aproximadamente 15 metros con dirección al oeste en la que hasta entonces había sido tu vida, y hay criaturas abismales que salen a flote, ciegas, torpes, que devoran todo a su paso, sin saber qué o si les hará daño -mientras en la ducha, desnuda, aguantas la respiración para sentir un poco de asfixia que te devuelva al mundo físico. Sorprendentemente, todo en esa mañana sigue siendo igual. El zumbido disforme de la ciudad reclama las víctimas de la noche anterior sin mucho alborozo. Es domingo, y la gente se prepara a pasear. Mientras, tratas de reconocer lo que vean tus ojos: jamás los has sentido tan ajenos. Tus pies llevan a cabo su función primordial excelentemente bien: te llevan a donde debes estar. Te mantienen de pie todo el día. Hay rostros de gente que, mejor no reconocer. No reconocerás a nadie. Verás, todo a cambiado, tú no eres la misma. Alguien abdujo, para siempre, aquella que fuiste. El rescate se exigirá diaro, cada vez que entres en la ducha, cada vez que una pepita de recuerdo se convierta en una veta de esperanzas abandonadas.
18.5.09
Chau Mario
Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud
sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
y que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mí
y lo que es mucho peor
que pensarán en mi los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas
menos mal
que me conozco
menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino tambien las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros tambien
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto
será buena
tan buena la jornada
que desde ya mi soledad se espanta.
no tengo a nadie para dar mis quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud
sé que hoy me van a cerrar todas las puertas
y que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios
que la que quiero no pensará en mí
y lo que es mucho peor
que pensarán en mi los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas
menos mal
que me conozco
menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario
con mi culpita bien lavada y planchada
y no solo se me abrirán las puertas
sino tambien las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no solo yo muchos otros tambien
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto
será buena
tan buena la jornada
que desde ya mi soledad se espanta.
[Hombre que mira más allá de sus narices, Mario Benedetti]
17.5.09
Ouróboros
Una mujer desnuda contempla cómo, alrededor, un dragón hermoso y maligno se devora a sí mismo con movimientos de quijada lentos pero definitivos. Se puede decir: de la destrucción proviene la luz. Se puede decir: la luz consume el material que la hace arder. Se puede decir también: del caos nació el cosmos. Y se puede decir que el cosmos no existe, pero tampoco el caos. Una mujer desnuda contempla cómo a su alrededor todo comienza y todo termina a la vez.
10.4.09
La falla del diablo
Una blasfemia se pronuncia en español, León Felipe me ha enseñado bien. Esta vez blasfemaré, diciendo que las tentaciones a las que fue expuesto el hijo de dios las hubiera superado cualquier otro humano con la mano en la cintura -por lo menos uno que tenga los propósitos religiosos bien asentados en su corazón- pues en ellas no hubo ninguna batalla mística que pusiera a prueba la verdadera fe. La comida que rechazó, el dominio del mundo y probar su divinidad son pruebas superables fácilmente por quienes han tomado en serio el voto de humildad y pobreza. El hijo de dios no estuvo expuesto a la miseria humana, hasta donde sabemos. Sí, era pobre, pero, ¿quién no lo era? ¿quién no lo es? Sí, vivió tiempos difíciles. ¿cuáles no lo han sido? Sufrió el tormento y la muerte injusta; ¿cuántos no lo han hecho? Al menos ya era un hombre de 33 años. No, dios y la fe no se ponen a prueba en las circunstancias difíciles; verdaderamente se miden en el dolor. En el dolor, experimentamos la soledad verdadera y absoluta. En el dolor, nuestro espíritu se aleja de nuestro cuerpo que no responde, y sin embargo no somos nosotros, como se supone, puros. El dolor es aislamiento hasta de nuestras propias palabras, lo que amamos, lo que siempre hemos defendido. Jesús mismo, al borde de la muerte, reconoce su abandono, su soledad totalmente humana. El dolor está fuera de nuestro control, y en las cosas en las que no tenemos control interviene la divinidad, o se queda muda, todas las veces. El diablo debió de haberle contagiado una varicela al hijo de dios en pleno desierto, y ya quisiera ver yo cómo resiste a la tentación de cederle su poder a cambio de, ya no digamos salud, si no un analgésico.
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