19.5.08

Prolegómeno a la crisis de los trienta II




Lo de hoy no es ser una chamaca anoréxica de 16 o 17, mucho menos una emo. Lo de hoy es ser una adulto joven, como se dice, una mujer definida en muchos aspectos, que se divierte porque sigue disfrutando de las ventajas de la juventud, pero con los privilegios de la adultez. Matemos de una vez por todas al infant terrible y sus aspiraciones. La pregunta que nos mantiene con el ojo pelón en la noche ante la soledad de nuestros pensamientos es, por supuesto, si se está definida, en qué, y en qué no...

7.5.08

Mane



Gracias Carlos. Excelentes fotos.

25.4.08

Penélope contra la mortaja

Soy Penélope y Odiseo a la vez. Un Odiseo que se ha quedado en tierra mucho tiempo, renunciando a naufragar, evitando islas circeanas y desde luego rechazando el canto de las sirenas. Nadie me ha ofrecido la eternidad. No le he prometido a nadie esperarlo para siempre. Mi Penélope ha estado fuera de casa mucho tiempo. ¿Dónde está Ítaca? Dentro de mí. Aquí están todos: Polifemo, Nausicaa, Telémaco, Equidna y hasta el perro que reconoce a su dueño. Pero esta Penélope si teje la trama. Teje durante la noche, y mientras transcurren las horas del día, voy destejiendo lentamente las historias en mi cabeza. Este Odiseo bajó a los infiernos y la muerte -que tanto anhelaba- le asustó. Si un hombre no es una isla, una mujer -esta mujer- sí lo es. Ítaca soy yo. Yo soy Penélope.

29.3.08

Prolegómeno a la crisis de los trienta

Todos los hombres que no besé, todas las causas sociales por las que no luché; todos los pequeños pueblos italianos que no visité, todos los conciertos en los que no me quité el sostén, todas las canciones que no compuse, todos los poemas que no aprendí de memoria, todos los discos que no robé; todas las propuestas que rechacé, todas las fiestas a las que no fui, todas las veces que no grité cuando debía, me hacen recordar que, aún adolescente, siempre fui una treintona.

14.2.08

Eros vs Tanatos

Contra la muerte, el amor.

Réquiem

Mi antepasado más lejano acaba de morir. Mi abuela, Nohemí Rojas Herrera, de 90 o 91 años, dejó de latir el sábado pasado, en Durango, ante mis ojos. Muchos dicen que la forma en que mueres es representativa de la forma en que viviste. Mi abuela perdió la conciencia súbitamente, y hasta el último momento fue uno de los cerebros más prominentes que conozco, con una memoria extraordinaria. Mis primeros recuerdos que tengo del mar y la lectura están íntimamente relacionados con ella. En la Barra de Coyuca, mientras el resto de la familia se adentraba en el mar, yo tendría unos 4 o 5 años, mi trajecito de baño y mi abuela siempre con sus faldas largas y oscuras, una blusa con flores demasiado grandes y opacas, nos sentamos en la playa con las piernas extendidas, esperando a que cada oleada nos refrescara los pies. Yo tenía una playera que decía algo en inglés, y le preguntaba a mi abuela el sonido de cada una de las letras. Cuando llegamos a una h intermedia, ella me dijo, tajante, que esa letra no sonaba. Yo en mi confusión no advertí una ola que nos mojó hasta la cintura, y en el fondo negro de la falda de mi abuela quedaron cristalitos brillantes de arena, como miles de soles en su regazo. Su descendencia no será tan multitudinaria como la de Abraham, pero sí muy diversa. A mi abuela le debo mi amor por el misterio de las letras.

23.1.08

Amici

Cuánto amigo he perdido. Lo peor de todo es que ni siquiera hubo rabieta, ni engaño ni traición, solamente olvido. Supongo que es así como se pierde realmente a los amigos cuando uno se convierte en ese monstruo tan antropomorfo llamado adulto. Sin embargo, aquellos que permanecen -aunque sea a la distancia- han estado más cerca. Cheers, my dearest friends. You know who you are.